jueves, 26 de julio de 2012

APTAS PARA EL RIESGO


Caixa Laietana, conocida popularmente por Caixa Lladretana (de “lladre”, o “ladrón” en castellano), consideró a Josefa y a su hija Yolanda aptas para la adquisición de un producto de alto riesgo.
Sábado 30 de junio de 2012. Siete y media de la tarde. La plataforma EstafaBanca Mataró se detiene delante de la oficina de Caixa Laietana de La Riera, el principal eje comercial de esta ciudad catalana. Ciento cincuenta estafados y estafadas apuran los últimos minutos de su protesta quincenal en el centro, ondeando sus pancartas, repartiendo octavillas y gritando eslóganes de denuncia. A su vez, cientos de ciudadanos y ciudadanas hacen sus compras aprovechando la celebración de una feria comercial que anima el ambiente. Tras cuatro meses de protestas, y con una media de dos acciones semanales, los estafados y estafadas han creado conciencia ciudadana. Ya nadie les espeta “¿De qué va esto?” o “Eso os pasa por ambiciosos”. La gente se para a su paso, observa, asiente con la cabeza y transmite ánimos dando muestras de empatía y civismo.


Josefa “ha bajado a Mataró” con su hija desde el barrio donde residen. Un barrio asentado sobre una colina colonizada por filas de casitas blancas, las mismas que construyeron los emigrantes del sur en la década de los sesenta. Cuarenta años después… Tantos años de lucha, tantos esfuerzos, tantas expectativas depositadas en la democracia para esto… Josefa mira a los estafados y estafadas pero no sabe qué hacer. Nunca antes ha salido a la calle a protestar. Ella trabajó en el campo, con la cabeza gacha, evitando las miradas de los señoritos, y un día cogió el tren de vapor y al otro llegó a Cataluña. El resto es por todos conocido. Su historia se repite entre los estafados y estafadas.
Josefa mira, su hija sonríe con la cabeza levemente inclinada hacia un lado. “Nos han quitado los ahorros”. Se decide. Se acerca nerviosa, no puede articular ninguna frase, pero los estafados y estafadas entienden el lenguaje de su mirada, de su ceño fruncido y de la rigidez corporal. Y en un gesto inteligente la tiran para adentro. Josefa y su hija ya han sido rescatadas. Lo que les espera a partir de ahora es algo mejor. Un grupo de personas –estafados y estafadas- que han salido del armario. Que no esconden haber sido víctimas de un fraude masivo. Que han construido conjuntamente una plataforma que les empodera ante los silencios y complicidades institucionales. 


Josefa y su hija se encuentran poco a poco más a gusto. Reconocen a vecinos y vecinas que se acercan y les abrazan y besan. “¿A vosotras también?”, “¡Qué poca vergüenza!”. Los estafados y estafadas se encuentran delante de la oficina de la Caixa Laietana de La Riera y Josefa se decide a hablar. Un voluntario de la plataforma le sostiene el megáfono:
Josefa: “Un día me llamaron por teléfono y me dijeron que había luz roja”.
Voluntario: “¿Y qué le explicaron?
Josefa: “Nada”.
Voluntario: “¿Cómo les colaron las participaciones preferentes?”.
Josefa: “No sé”.
Eso es todo. Los ciudadanos y ciudadanas observan incrédulos, hacen fotografías, graban con sus móviles y comentan la jugada de –ahora sí- “la Lladretana”, que consideró a Josefa y a su hija patas para el riesgo financiero.
Josefa: “Yoli se tiró una hora para firmar todos los papeles”.
Voluntario: “¿Una hora?”.
Josefa: “.”
Yolanda escucha su nombre y se pone nerviosa. Sonríe pero tiene ganas de llorar.
Voluntario: “Tranquila, Yolanda. No pasa nada”.
Su madre le tranquiliza y añade con fuerza, ante decenas de personas y con el cartel azul y amarillo de la oficina de Caixa Laietana a sus espaldas:
Era el dinero que tenía para ella”.

Por Diego Herrera Aragón
EstafaBanca Mataró

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